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Hola, Bienvenid@s a "El Rincón Encantado de Anabella".
Soy Anabella, y quiero presentaros mi Nuevo Blog dedicado a mi pasión por los "Seres Sobrenaturales", en especial " Los Vampiros" y las "Hadas", (entre otros muchos personajes) , espero que lo encontreis interesante y me visiteis con mucha frecuencia.
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MARQUESINA

Holaaa!!..Bienvenid@s a "El Rincón Encantado de Anabella"... Muy pronto, podréis disfrutar de nuevas entradas con imágenes de Hadas. Góticas. Y Fantasía. Gracias!!.

lunes, 10 de junio de 2013

*Siempre es de Noche* (capítulo 3)



Hola a tod@s!!, aqui os dejo el capítulo Nº 3  del Fic de *Nina Nina*


Espero que os guste, porque es una historia...
 Simplemente Preciosa!!!


*Siempre es de Noche*



CAPITULO 3: Novedades

Elena miro el rostro inescrutable que tenia Damon cuando escucho que su primo Stefan era su novio, y muy en el fondo quiso saber si eso había causado algún en efecto en él.

-¿Por qué debería de saberlo? No me gustan los chismes – dijo Damon frunciendo el ceño y recostándose en su cama.

-¿Qué dices Damon? No son chismes, es solo un poco de cultura general, Elena y yo llevamos de novios seis meses y cinco días ¿Verdad  amor? – Stefan rio.

Ella no dijo nada, solo asintió. Y a Damon…no le pareció gracioso.

-Bien, déjame revisarte un poco – dijo Stefan, saco un pequeño foco en forma de lápiz y procedió a examinar uno a uno los ojos de Damon.

Empezó iluminando el ojo derecho.

-¿Sientes algo? – pregunto

-No – contesto Damon, Elena conocía ese tono, era el tono oficial de “estoy enojado”

-Ok – paso al ojo izquierdo haciendo el mismo procedimiento - ¿Ves algo?

-No

-Las lesiones en el lóbulo occipital son bastante serias, la pérdida de visión puede ser tanto permanente como temporal, es cuestión de tiempo Damon tendremos que esperar.

-Dime algo que no sepa – soltó Damon con una mueca de disgusto marcada en su cara.

-Ayer le aplique una inyección para aliviar el dolor en las costillas – dijo Elena para medio ablandar el ambiente de tensión, provocado por la hostilidad de Damon.

-Me parece excelente, ya llevas bastante tiempo en reposo, sería bueno hacerte unas radiografías para saber si tus costillas se han acoplado, mandare por ti el lunes por la mañana para que te las hagas así sabremos para cuando estarás completo.

-No necesito que mandes a nadie, mi chofer me llevara.

-Ok, como quieras – Stefan puso los ojos en blanco, para él no era desconocido el carácter de su primo. 

Stefan siguió el chequeo médico, tomo la presión de Damon y reviso como andaba su corazón, todo estaba en orden.

-Son casi quince años sin vernos ¿eh? Se te extraña por aquí – Dijo Stefan intentando hacer algo de platica.

-No creo eso, igual yo no extrañe nada de este pueblo, nada de lo que hay aquí es digno de extrañar

-Es una lástima que siendo nativo de Mystic Falls te refieras tan despectivamente del pueblo – dijo Elena indignada – es un lugar hermoso y con gente trabajadora y servicial, empezando por Guissepe y ¿Cómo es posible que ni siquiera lo extrañes a él? Es tu padre

Stefan miro a Elena un tanto sorprendido por su reacción ante las palabras de Damon.

-¿Por qué sigues tu aquí? – respondió Damon secamente, su cara no podía estar más seria dejando ver las marcadas venas en su frente.

-Yo vivo aquí – dijo Elena encogiéndose de hombros pero sorprendida del cambio de humor

 Hacia minutos Damon parecía niño pidiendo dulces y ahora era El Grinch.

 – Además mi novio esta aquí – estaba enojadísima por sus insolencias  pero no se iba a dejar quebrar por él. 

-Siempre tan “carismático” no cambias – dijo Stefan, quien era un espectador mas del intercambio de palabras de Damon con su novia, para él era mejor de esa manera, que Elena se diera cuenta de la clase de déspota que era su primo así no tendría que preocuparse de que la convivencia entre ellos pudiera darse a mas.

-¿Por qué debería hacerlo? Me gusta como soy  - hablaba la soberbia en persona - ¿Terminaste ya o también vienes a darme un masaje?

Elena se cruzo de brazos y movió la cabeza en desaprobación.

Una vez terminada la revisión Stefan recibió un llamado del hospital indicándole que lo esperaba un paciente así que tenía que irse. Se despidió de su primo quien para variar no le contesto.

Antes de retirarse Stefan tomo a Elena de la mano y la llevo hasta la puerta.

-No podremos vernos esta noche amor, tengo que cubrir el turno del doctor Peterson, tal vez en medio de semana – dijo en tono empalagoso.

-El lunes comienzo vacaciones, supongo que podemos hacer algo – murmuro Elena, hablo muy bajo evitando que Damon escuchara.

-Claro amor, veremos que hacer - seguido a eso Stefan volvió a besarla, ella bajo la cabeza apenada. Estaba incomoda - Ok, nos vemos – por fin Stefan salió del cuarto.

Elena se giro hacia Damon en cuanto Stefan salió, vio que estaba con los ojos cerrados hacia el techo y con las manos cruzadas en su abdomen.

-Fuiste grosero con Stefan, el solo quiere ayudar

-Deja de meterte en lo que no te importa ¿Quieres? – Damon recostó su cabeza de lado en la almohada – vete.

-Estas muy mal y lo sabes – dijo Elena refiriéndose a su actitud

-¡Lo sé Elena! ¡Estoy ciego! Gracias por restregármelo en la cara

-No me refería a…

-¡Te dije que te fueras! – Damon alzo la voz a un nivel que hizo estremecer a Elena quien se giro hacia la puerta, no tenia caso seguir ahí.

-Bien, sigue así y te vas a quedar completamente solo

Elena salió del cuarto y cuando estuvo del otro lado se recostó en la puerta, se dio cuenta que sus manos temblaban y trato de deshacer el nudo que sentía en la garganta, Damon era tan…él, su soberbia no tenia limites pero porque aun así no podía dejar de sentir en su interior el deseo de ¿Disculparse por tener novio?... ¿Explicarle porque estaba con su primo? Pero… ¿A el que podía importarle? Total él no era nada suyo.

Se sintió estúpida al pensar esas cosas, solo llevaba dos semanas de conocerlo y además era el rey de la arrogancia ¿Por qué le importaba tanto lo que el pensara de ella?

Suspiro y después de unos minutos tomo su abrigo y salió de la casa para despejar un poco su cabeza.

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Damon no había estado de muy buen humor todo el fin de semana, se la había pasado quejándose por todo y sonando el timbre cada cinco minutos, algo bastante irritante para los habitantes de la casa. Su molestia tenía un motivo y ese motivo tenia nombre y apellido.

Descanso un poco después de llegar de hacerse las radiografías que el odioso de Stefan le había indicado, Luca los había llevado a Giuseppe y  él al hospital, su corta estadía allí no había sido de mucho aporte a su muy especial humor ya que escuchar las murmuraciones y los comentarios de lastima en los pasillos del mismo aumentaron su irritabilidad.

 Como siempre se encerró en su cuarto en cuanto llego y pidió no ser molestado a no ser si él llamaba por el timbre.

Escucho el chirrido de la puerta abriéndose “maldita sea” pensó

-¿Qué tan difícil de entender es que no quiero que me molesten?

Pero no escucho respuesta, solo el sonido de la puerta al cerrarse. Entonces sintió ese perfume que ya reconocía inundando su nariz, el perfume de Elena. Abrió los ojos por instinto y se molesto por encontrar nada más que oscuridad, como todos los días.

-Siempre entrando sin tocar – dijo con voz grave.

-Y tu siempre tan gruñón – contesto ella acercándose al borde de la cama con sus manos hacia atrás - ¿Te molesta que este aquí? ¿O sigues como una chinche?

La discusión del sábado había dejado un mal sabor de boca en Elena, Damon era un hombre bastante difícil en cuanto a carácter se refiere pero ella seguía sintiendo la necesidad de cuidarlo, de ayudarle y estar con él.
  
-Mientras no vengas a regañarme está bien – contesto Damon, parecía que si estaba de buenas.

-¿Cómo te has sentido?

-Bien, creo – dijo encogiéndose levemente de hombros y alzando una ceja

-¿Seguro? Porque todo el fin de semana pusiste de correr a todos por aquí, eres bastante insoportable

-Vaya, nunca me habían dicho eso – su cabeza estaba fija hacia donde provenía la voz de Elena y sus ojos estaban perdidos en la nada.

-Siempre hay una primera vez para todo – contesto tranquilamente, acerco la silla que estaba junto a la puerta que daba al jardín de casa, la coloco junto a la cama y se sentó para poder conversar con él.

 –Estoy algo estresado es todo – suspiro - no sé nada de cómo están las cosas en Chicago y me preocupa que Klaus no haga las cosas bien, pienso en los clientes, en los proyectos de urbanización que están en marcha…ahh tantas cosas – se llevo las dos manos a la cara y luego las paso por su pelo.

-Tu médico en Chicago recomendó que te desconectaras del trabajo para evitar alteraciones de este tipo pero parece que tú no dejas de pensar en ello.

-¿Cómo sabes eso?

-Leí tu expediente hoy que fuiste a hacerte las radiografías.

-Entrometida también – dijo haciendo una mueca de disgusto, era la única que tenía todo el tiempo.

-Hey, soy enfermera y no tengo la culpa de que tú llegaras en el momento en que yo estaba en la estación de enfermería y mi jefa me diera  tu expediente.

Damon apretó los labios, no tenía idea de que ella estaba ahí cuando fue al hospital.

-¿Y cómo va esa “relación” con Stefan? – pregunto así como quien no quiere la cosa, eso lo había estado molestando todo el fin de semana, y no quería perder la oportunidad de preguntar.

Elena trago saliva ante la pregunta, ¿Ahora quería saber de su relación?

-¿Por qué te interesa?  - dijo Elena mirándole a los ojos

-Cultura general nada más ¿No le dicen así ahora?

-Bien, Stefan y yo llevamos seis meses saliendo…

-No te olvides de los cinco días – interrumpió Damon con gesto divertido en la cara haciendo que Elena sonriera sin emitir sonido.

-Estas sonriendo – dijo Damon ya más relajado.

-¿Cómo lo sabes?

-No tengo idea, simplemente lo sé Elena – levanto una ceja y sonrió de lado.

Elena estaba sorprendida, por primera vez en dos semanas había visto sonreír a Damon y estaba fascinada por lo perfecto de sus facciones cuando lo hacía.

-¿Entonces van en serio? – prosiguió Damon, quería saber si la dueña de la voz cautivadora e hipnotizador perfume estaba más que enganchada con el desabrido de su primo.

-Es poco tiempo para saberlo, vamos despacio – contesto bajando la cabeza, seguía sintiendo culpabilidad de tener novio ¿Por qué pasaba eso?

-El tiempo dirá si en realidad tu lugar esta a lado de Stefan, pueden pasar años y acostumbrarte a una persona, a su presencia y su cercanía pero al final del día es solo eso, costumbre.

-Pareces saber mucho del tema ¿Sales con alguien? – pregunto Elena mordiéndose el labio y con un poco de temor por lo que pudiera contestar, él frunció el ceño y giro la cabeza en sentido contrario de donde provenía la voz de Elena.

Rebecah, la había olvidado totalmente ¿Cómo pudo pasar algo así? Olvidarse de su prometida no tenia nombre.

-No salgo exactamente con nadie – contesto aun con el ceño fruncido, Elena sonrió aliviada pero eso no duro mucho ya que Damon continuo diciendo – en realidad estoy comprometido para casarme.

Elena se quedo callada, tratando de procesar la información que acababa de recibir, Damon se quedo quieto esperando que ella dijera algo y preguntándose si ella había sentido algo al escuchar sus palabras, algo parecido a lo que el sintió cuando supo que salía nada más y nada menos que con su odioso primo.

-Vaya – contesto al fin – felicidades

-¿Por qué? todavía no nos hemos casado

-Pero es un gran paso, eso quiere decir que estas enamorado y que lo suyo es fuerte y especial – trago saliva y apretó los labios – encontraste tu alma gemela y que mejor que estar con ella bajo el vinculo del matrimonio.

-Si – contesto no muy convencido pero disimulándolo muy bien volviendo a su cara de amargura de todos los días.

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Elena estaba muy inquieta de la forma en que se sentía al estar cerca de Damon así que decidió guardar la distancia y no entrar más, aunque sea por un tiempo, a la habitación de Damon, su presencia le afectaba a niveles alarmantes y no podía dejar que eso la dominara, eso no estaba bien porque él iba a casarse y ella tenía una relación estable, si se podía llamar así a una relación basada en llamadas telefónicas, mensajes de texto y con visitas esporádicas en la semana. Los últimos dos meses el hospital consumía a Stefan la mayor parte del tiempo.

Por eso, durante toda la semana se dedico a otras actividades siempre dentro de la casa ya que le había prometido a Giuseppe que estaría pendiente si su hijo necesitaba de ella. Por medio de Liz, Elena estaba al tanto de todo, si Damon recaía o tenía alguna molestia Liz se lo diría.

Pero la semana paso sin novedad, al parecer Damon estaba recuperándose, claro que el molesto timbre sonaba todo el santo día, prueba de que él mantenía su especial carácter.

Un viernes por la noche Elena se preparaba para salir con su amiga Caroline Forbes, hija de Liz, a reunirse con su grupo de amigos y tomarse unos tragos en el Grill para distraerse un rato.

Se puso su chaqueta de piel y tomo su bolso de la cómoda de caoba junto a la ventana, se dio un último vistazo en el espejo, acomodo un poco su cabello y salió de su cuarto. Cuando pasaba justo frente a la puerta de la habitación de Damon escucho el dichoso timbre, era inconfundible después de escucharlo por tantos días y a todas horas, se detuvo unos segundos y al no escucharlo siguió caminando pero sonó de nuevo, esta vez con insistencia

-¿Dónde están todos hoy? – Murmuro – no me hagan esto por favor

Lo había evitado por días y ahora era inevitable, considero ignorarlo y salir disparada por la puerta directo hacia el Grill pero luego pensó que tal vez Damon se sentía mal y necesitaba ayuda. No podía irse.

Se devolvió hacia el cuarto de Damon y abrió la puerta, lo encontró de espaldas a ella a lado de la cama sosteniendo el pequeño timbre y haciéndolo sonar nuevamente y pensó que como algo tan pequeño podía ser tan molesto pero pensándolo bien no era culpa del timbre era de quien lo tocaba. Vestía una camiseta blanca ceñida al cuerpo y un pantalón deportivo color negro, estaba descalzo.

-¿Qué pasa contigo? Nos tienes a todos locos con ese…timbre – se quedo de pie bajo el umbral de la puerta.

-Lo utilizo para llamar cuando quiero algo – dijo sin voltear la cabeza

-Con una vez es suficiente – resoplo Elena preparada ya para cualquier insolencia que tuviera bajo la manga.

-Sí, pero me veo forzado a utilizarlo de esta manera cuando no tengo lo que necesito – dijo por encima de su hombro

En los últimos días Liz y Maggie la habían pasado muy mal atendiendo los caprichos del “señorito” de la casa, ella se mantuvo al margen pero ahora de nuevo estaba en su puerta.

-¿Y qué es? – pregunto cruzando los brazos

-A ti.

Elena se congelo en la puerta incapaz de pronunciar palabra alguna, era como la vez en que su maestro de literatura la había llamado para que subiera al escenario a recitar un poema de su autoría frente a toda la escuela cuando tenía quince años, diferente contexto pero igual sensación.

-Entra – le dijo Damon soltando el timbre

-No puedo, voy a encontrarme con unos amigos en el Grill – contesto disimulando su nerviosismo, no se explicaba que querría el de ella.

-Si no vienes entonces iré por ti – Damon se giro hacia la puerta y comenzó a caminar hacia ella arrastrando los dedos de su mano derecha por la pared para guiarse mejor y con la otra mano al frente para tocar cualquier obstáculo.

Durante esos días cualquier cosa era pretexto para usar el timbre, lo único que él quería en verdad era que Elena entrara en su cuarto y escuchar su voz. Escucharla a lo lejos no era suficiente para él.

Se detuvo al llegar al borde de la puerta abierta, su mano izquierda  seguía sin tocar nada aun y creyó que Elena se había ido ya que no la volvió a escuchar, se quedo quieto con la cabeza fija al frente y moviendo inquieto sus ojos “¿Por qué no puedo ver maldita sea?” pensó, se sintió impotente en ese momento, no veía más que oscuridad.

 Lo que él no sabía era que Elena era presa de los nervios bajo el marco de la puerta, que su cabeza era un mar de pensamientos y que se debatía sobre si entraba o daba media vuelta.

Tantos días evitándolo y ahora lo tenía ahí diciéndole que lo que necesitaba era a ella. En el fondo Elena sabía lo que quería hacer.

Damon dejo caer su brazo resignado a que Elena lo había dejado solo, y no la culpaba, después de cómo la había tratado no esperaba otra cosa, pero para su sorpresa se encontró en el camino con algo suave y tibio que sostuvo su mano.

Elena no se había ido, ella seguía allí y tomaba su mano entre la suya, Damon parpadeo sorprendido y sus ojos azules brillaron.

-No te fuiste – murmuro Damon


-No podría – contesto Elena cerrando la puerta.



Continuará... 




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