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Hola, Bienvenid@s a "El Rincón Encantado de Anabella".
Soy Anabella, y quiero presentaros mi Nuevo Blog dedicado a mi pasión por los "Seres Sobrenaturales", en especial " Los Vampiros" y las "Hadas", (entre otros muchos personajes) , espero que lo encontreis interesante y me visiteis con mucha frecuencia.
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MARQUESINA

Holaaa!!..Bienvenid@s a "El Rincón Encantado de Anabella"... Muy pronto, podréis disfrutar de nuevas entradas con imágenes de Hadas. Góticas. Y Fantasía. Gracias!!.

lunes, 3 de junio de 2013

*Siempre es de Noche* (capítulo 2)


Hola a tod@s!!, aqui os dejo el capítulo Nº 2  del Fic de *Nina Nina*


Espero que os guste, porque es una historia...
 Simplemente Preciosa!!!


*Siempre es de Noche*


CAPITULO 2: Conociendo al huésped

 Elena escucho atentamente a Giuseppe cuando este le comentaba con preocupación del estado de su hijo días atrás ¿pero que estaba ciego? Eso no lo sabía.

 La noche en que lo conoció algo cambio en ella, sintió pena de que esos hermosos ojos azules no tuvieran vida pero también una rara sensación que todavía no podía descifrar.

Días después de conocer a Damon, Elena no lo volvió a ver, pasaba todo el día encerrado en su habitación, según le había comentado Elizabeth a él no le gustaba que entraran a su cuarto, ella y Giuseppe entraban únicamente cuando él llamaba con el timbre.

Una noche en la que Elena llegaba del hospital  después de un largo turno, escucho sonar insistentemente el timbre que provenía obviamente del cuarto del recién venido Salvatore.

Abrió la puerta y vio a Damon tocando el botón a lado de su cama, él escucho la puerta abrirse y soltó el timbre.

-El jugo sabe a diablos, llévatelo de aquí y tráeme otro – dijo Damon de forma despectiva y mal educada.

-Un por favor estaría bien y con gusto te lo traigo – dijo Elena apoyándose en el marco de la puerta.

-Tu otra vez – Damon frunció el ceño – ¿no tienes nada más que hacer?

-Mi habitación es la de al lado, acabo de llegar del hospital y escuche ese molesto timbre.

-Se supone que Elizabeth viene al escuchar el primer timbrazo, está claro que la servidumbre aquí sigue con las mismas mañas de cuando me fui.

En ese momento apareció Elizabeth, agitada por haber corrido  para atender el llamado de Damon.

-Lo siento, no escuche el timbre desde el patio trasero buscando las luces en la bodega con Maggie…

-¡Bah! Sabía que esto no funcionaria – soltó Damon agitando su brazo – llévate ese jugo, no lo quiero.

Elizabeth puso los ojos en blanco y dio unos pasos hacia dentro, Elena la detuvo con su mano.

-Tranquila Liz, yo me encargo, continua lo que estabas haciendo – Elizabeth asintió agradecida y se retiro.

- Deberías ser un poco más considerado con Liz, ella hace lo que puede.

-Pues no lo está haciendo bien – escucho sonidos extraños a su alrededor, pasos que iban y venían y se pregunto qué estaría haciendo ella.

-No hace falta ser grosero para pedir las cosas

-¿Quién eres? ¿Mi madre?

 Damon era irritante pero ella no se dejaría intimidar por él. En el hospital solía lidiar con ese tipo de pacientes, así que su mal humor no era algo nuevo para ella.

Elena sonrió, se acerco a la mesa de noche y vio los frascos de medicinas. –Calmantes – dijo mientras sostenía un frasco en su mano - ¿Sientes mucho dolor?

-¿Qué?

-Que si sientes mucho dolor, este medicamento es muy fuerte deberías tomarlos únicamente cuando el dolor sea muy intenso.

-¿Ahora la niña es doctora? – Dijo sarcásticamente - ¿Qué sabes tú de eso? Puedo tomar las que yo quiera, son mis medicamentos.

-Soy enfermera en el hospital de Mystic Falls, veo esto a diario  no querrás volverte un adicto.
Damon frunció el ceño molesto por el comentario.

-Si vienes a regañarme mejor vete, no estoy de humor para escuchar estupideces.

-Me voy, pero no porque tu lo digas si no porque muero de sueño y estoy ansiosa por dormir así que buenas noches.

Elena camino hacia la puerta sabiendo que él no respondería con un “Buenas noches para ti también”  apenas había estado con él algunos minutos y ya sentía una necesidad  de ayudarlo, que bajo toda esa soberbia no había más que un hombre asustado e incapaz de aceptar su realidad.

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En la tranquilidad de su cuarto Damon intentaba dormir, le era muy difícil conciliar el sueño cuando miles de cosas pasaban por su mente.

Su trabajo era lo que más extrañaba, añoraba los días en que llegaba temprano a la constructora, ponía a trabajar a sus empleados y luego salía a supervisar las obras que estaban en marcha en diferentes puntos de la ciudad. Klaus no lo había llamado aun para contarle como iba todo por Chicago y eso lo inquietaba más, pero no tanto como la visita que había estado esa noche en su cuarto.

La voz de Elena le hacía pensar que era una joven muy alegre, días atrás le había preguntado a Giuseppe porque Elena y su hermano vivían en la casa dándose cuenta que después de la muerte de los Gilbert no tenían a nadie más. Claro, por eso su nombre se le hacía familiar, su padre hablaba mucho de ellos y los visitaban a menudo, pero no recordaba mucho de cómo eran  físicamente, Elena tendría unos nueve o diez años tal vez en ese entonces, estaría muy cambiada ahora.

Debido a que sus costillas no habían terminado de acoplarse sentía molestias al dormir, esa noche se levanto al baño, esa habitación le era conocida ya que solía pasar tiempo allí cuando era más joven. Elizabeth había cambiado la decoración, obviamente él no podía apreciarla, pero los muebles seguían en la misma posición de siempre.

Con cuidado se puso de pie sosteniéndose de la mesa de noche, gimió ante el dolor que le causo el movimiento, comenzó dando pasos lentos inclinándose para seguir el camino hasta el borde de la cama, dio unos pasos más tropezando con lo que le pareció era una lámpara de pie “Maldición” dijo cuando sintió dolor en sus costillas, la necesidad de ir al baño lo hizo avanzar un poco más rápido.

En su camino memorizo cuantos pasos había desde la cama al baño y hacia qué lado debía de girar. De regreso a la cama tropezó de nuevo con la lámpara de pie y estuvo a punto de caerse.

-¡Ahh! ¡Maldición! – exclamo del dolor, se llevo una mano a sus costillas y agito el otro brazo buscando de donde sostenerse.

En segundos la puerta del cuarto se abrió y sintió que de repente alguien lo rodeaba.

-¡Por Dios Damon que haces! – Elena tomo su brazo y lo puso alrededor de su cuello para ayudarlo a incorporarse y llevarlo a la cama - ¿Quieres matarte?

-¿Qué? ¿Ahora no puedo ir al baño? – dijo entre gemidos

-¿Por qué no tocaste el timbre? Para eso lo tienes ahí – dijo en tono de reprimenda.

-No funciona, tú misma lo comprobaste hoy

Elena lo acostó de nuevo en la cama y acomodo sus almohadas bajo su cabeza, Damon sintió el suave olor que emanaba de ella cuando su  cabello rozo su cara, era el primer contacto físico que tenía con ella, lo único que conocía de Elena era su nombre, su voz y ahora su olor.

-Te pondré una inyección para que puedas dormir tranquilo.

-No – contesto con una mano en las costillas – vete, no necesito tu ayuda.

Elena puso los ojos en blanco, aun y cuando se moría del dolor Damon se portaba como un idiota.

 -Ya regreso y por favor no vuelvas a levantarte ¿Si?

Damon arrugo la cara y se quedo callado, al fin y al cabo esa inyección le vendría bien en ese momento.

-Ok – dijo Elena mientras llenaba la jeringa con el medicamento – necesito que te des la vuelta-

-¿Qué? – exclamo Damon con una cara de asombro que la hizo reprimir una sonrisa aun sabiendo que él no podía verla.

-¿Dónde mas quieres que te inyecte? ¿En los dedos? – dijo mientras le daba unos leves toques a la jeringa.

-De ninguna manera

-Ni creas que muero por ver tu trasero – contesto Elena haciendo una mueca sorprendida de que él creyera eso - ¿Quieres que el dolor se vaya? Bien, date la vuelta y terminemos esto de una vez

Damon apretó la mandíbula ¿Quién se creía ella para darle ordenes? nadie le daba órdenes, él era el que las daba.

Sin más y con tal de que el dolor se fuera, se inclino despacio hacia un lado y se bajo el pantalón del pijama levemente para que Elena procediera a inyectarlo, ella se acerco y bajo un poco más el pantalón dejando al descubierto la piel de la espalda baja de Damon, Elena se sonrojo y agradeció que él no pudiera ver sus mejillas encendidas.

-Relájate -  dijo mientras frotaba con algodón empapado de alcohol el área donde inyectaría – estas muy tenso.

-¿Cómo no estarlo? ¿En serio estas capacitada para hacer esto? ¿No eres muy joven?

-¿Para inyectar? Hasta un estudiante de medicina de primer año puede hacerlo – suspiro – ahora ¿Me dejas hacer mi trabajo?

Damon maldijo por lo bajo ¿Por qué ella era así? Al parecer a ella se le hacía muy fácil darle órdenes y llevarle la contraria.

-Listo, ya esta  - dijo Elena limpiando el área con algodón

-¿Ya? No sentí nada

- ¿No era para tanto cierto? – subió el pantalón de Damon y camino al baño a botar la jeringa en la papelera. Damon escucho el grifo de agua e imagino que ella estaría lavándose las manos.


Volvió a su posición y puso sus manos sobre las piernas. Entonces sintió que su cama se hundía por el lado derecho y de inmediato supo que Elena se había sentado al lado suyo.

-Dentro de poco el medicamento hará efecto y te sentirás mejor – ella aprovecho para verlo más de cerca, era muy atractivo a la vista.

-Eso espero – contesto él  siguiendo el sonido de la voz de Elena

-Si quieres sanar rápido tienes que reposar y no andar de aquí a allá, ya ves lo que paso esta noche

-Perdón pero tenía que ir al baño, me queda de experiencia no tomar agua antes de dormir.

Elena se le quedo mirando por un rato, le llamo la atención su negro y  liso cabello revuelto en su cabeza haciéndolo ver más guapo, sus facciones eran definidas al igual que sus pómulos, sus ojos azules adornados por largas pestañas la hicieron acercarse un poco más a él para admirarlos más de cerca desviándose después a su cuadrada y fuerte mandíbula, definitivamente Damon era dueño de un interesante atractivo…y un toque de sensualidad. Una mecha de cabello salto sobre su amplia frente y por instinto alzo su mano para apartarla pero se detuvo y se sintió apenada por estar ahí mirándolo.

-¿Estás ahí? – pregunto Damon al no escuchar ruido

-Si…aquí estoy – dio un gran suspiro y se puso de pie – es tarde…este… me voy a la cama, que descanses.

-¿Elena?

-¿Si? – dijo girándose hacia él  quien  tenía la cabeza baja.

-Gracias

-De nada – se le quedo mirando unos segundos y después cerro la puerta.


Al día siguiente Elena se levanto un poco más tarde, ese día entraría al hospital  después del mediodía. Salió de su habitación aun en pijama, se detuvo en el cuarto vecino y se pregunto qué estaría haciendo el gruñón Salvatore  pero siguió su camino a la cocina, ahí se encontró con Giuseppe y Jeremy que conversaban en el desayunador.

-Buenos Días – dijo Elena dándole un beso en la mejilla a cada uno

-Buenos Días Elena, vaya, parece que estas de muy buen humor hoy

-Yo siempre estoy de buen humor “Sonreír hasta morir” es mi lema – abrió el refrigerador y saco un bote de leche.

-Algo anda mal contigo, en serio, rara vez me besas, me asustas – dijo Jeremy

-¿Qué dices? Lo hago todo el tiempo – se sentó a lado de su hermano y se sirvió un poco de cereal.

-No, no lo haces

-Vamos Jeremy, es temprano para estos juegos, déjame desayunar tranquila.

-¿Hoy te quedaras en casa? – pregunto Giuseppe hojeando el periódico

-Por la tarde iré al hospital, tengo que a arreglar unas cosas y a recoger mi cheque porque el lunes comienzan mis vacaciones, no sabes cuánto las he esperado

-Te las mereces, has trabajado muy duro todo este tiempo – Giuseppe se quito los anteojos y los coloco en la mesa – ahora que lo mencionas, ya que estarás aquí en casa ¿Puedo pedirte un favor?

-Claro, lo que necesites

-No quisiera abusar pero me gustaría que con tus conocimientos de enfermería cuidaras de mi hijo, solo cuando lo requiera, no es necesario que estés todo el día con él.

Elena casi se ahoga al tragar rápidamente el cereal que tenia dentro de la boca,  Jeremy la quedo viendo con ojos entrecerrados como diciendo ¿Y a esta que le pasa ahora?

-Si puedes claro, no te sientas comprometida

-Lo hare encantada Giuseppe, quédate tranquilo que ayudare en lo que necesite.

-Damon me comento que habían cruzado unas cuantas palabras hace unos días, te pido que lo disculpes – dijo apenado – él todavía no acepta lo que le paso y puede ser un poco irritante
Elena levanto una ceja al recordar sus choques con Damon, pero ella no tenia problema con eso.

-No te preocupes, se cómo manejar ese tipo de pacientes

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Damon recién salía de darse un baño, su padre lo asistía todos los días,  por cualquier movimiento brusco que pudiera hacer que lastimara sus costillas, pero a él no le gustaba, eso de depender de otros para cosas tan simples y básicas lo hacía sentir un completo inútil  ¿Pero qué hacia? Rechinar los dientes, maldecir y aguantar porque no le quedaba de otra.

Mientras él estaba dentro del baño, Elizabeth dejaba en su cama la ropa que usaría ese día, más que todo ropa cómoda como camisetas de algodón y pantalones deportivos.

Sentado en el borde de la cama Damon escuchaba pasos en el pasillo de afuera, iban y venían, “Tal vez es Elena” pensó, “Tal vez va tarde a alguna cita” de repente quiso escucharla entrar sin avisar a la habitación como ya lo había hecho antes.

Y como si ella hubiera escuchado…

-¿Puedo pasar? – pregunto Elena ya dentro del cuarto, las mejillas se le encendieron en segundos al ver a Damon con el torso desnudo cubierto solamente por la banda elástica que protegía sus costillas.

-Te diría que pases pero ya estas adentro – Dijo Damon hacia Elena, sabía que ese lado de la cama daba a la puerta, en los días que llevaba ahí había aprendido ciertas cosas como el número de pasos que separaban la cama del baño o de la cama a la puerta y de donde sostenerse a la hora de ponerse de pie.

-¿Cómo te sientes hoy? – avanzo hacia él manteniendo la distancia, la desnudez parcial de su pecho la puso nerviosa, desviaba la mirada hacia cualquier lado del cuarto pero enseguida volvía sus ojos a él.

- Ayer dormí toda la noche después que te fuiste, la inyección fue de mucha ayuda.

-Te lo dije – contesto ella.

Guardaron silencio, ninguno sabia que decir.

-¿Me ayudas? - Damon alzo la camiseta que tenía entre sus manos hacia donde había escuchado la voz de Elena, pero ella se había movido a la ventana, cuando lo vio con el brazo extendido se acerco a él y tomo la camisa – le dije a mi padre que yo podría pero lo intente y simplemente no pude, me duelen las costillas cuando levanto los brazos.

La expresión en la cara de Damon era como la de un niño pidiendo algo a su madre, y eso desarmo a Elena.

-Claro – contesto ella.

Mientras le ponía la camisa su mano rozaba la piel de los brazos y del torso de Damon. Él no era de palo y sentía como una corriente eléctrica recorría todo su cuerpo al mínimo roce, una sensación nueva y muy inquietante para él, se deleito con el olor a fruta fresca que emanaba de Elena.

Ninguno de los dos hablo en ese momento, se quedaron callados, parecía que estaban disfrutando el momento.

Era extraño, apenas y la conocía y ya sentía una conexión con ella, no sabía cómo era, pero le gustaba su cercanía.

-Listo – dijo terminándole de poner la camiseta.

-Gracias – contesto él levantando la cabeza siguiendo la voz de Elena.

Entonces, la puerta se abrió nuevamente haciendo que ella retrocediera nerviosa.

-¡Hey primo! Siento mucho no haber podido venir antes pero tenía mucho trabajo en el hospital
Damon sabia quien había llegado, voz petulante e irritante, si, no tenía dudas era su primo el doctor Salvatore.

-Hola Stefan – Damon estaba molesto, había dado órdenes de que no quería visitas, pero quizás debió decir que eso incluía familiares.

-Llame pero me dijeron que no podías contestar ¿Cómo estás? – dijo abriendo su maletín para sacar sus implementos y así hacerle un chequeo.

-He estado mejor – contesto secamente

-Veo que ya se conocieron – dijo Stefan, pero Damon no contesto porque no sabía si le hablaba a él o a Elena

-Si…obvio ¿no? – Dijo Elena – vivimos en la misma casa

Damon noto el cambio en el tono de voz de Elena y se pregunto si algo andaba mal.

-Tienes suerte Damon, con enfermera en casa y todo – se escucho un “muac” el sonido inconfundible de un beso en los labios.

Damon no entendía lo que pasaba ¿Qué pasaba con Elena? ¿Por qué la escuchaba distante?
-¿Ustedes son amigos o…? – pregunto Damon, serio pero con bastante curiosidad

- ¿No lo sabías? Elena es mi novia.



Continuará... 



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