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Hola, Bienvenid@s a "El Rincón Encantado de Anabella".
Soy Anabella, y quiero presentaros mi Nuevo Blog dedicado a mi pasión por los "Seres Sobrenaturales", en especial " Los Vampiros" y las "Hadas", (entre otros muchos personajes) , espero que lo encontreis interesante y me visiteis con mucha frecuencia.
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MARQUESINA

Holaaa!!..Bienvenid@s a "El Rincón Encantado de Anabella"... Muy pronto, podréis disfrutar de nuevas entradas con imágenes de Hadas. Góticas. Y Fantasía. Gracias!!.

sábado, 27 de octubre de 2012

"Quédate Conmigo" (capítulo 12)

Hola a tod@s!!, aquí os dejo el capítulo 12 del Fic de *Nina Nina*.


Espero que esteis disfrutando de la historia!.




CAPITULO 12

UN AÑO ATRÁS…

Hasta hacia poco mi futuro era completamente incierto, ni siquiera sabía si alguien se acordaría de mí e iría al aeropuerto, y no quería volver a mi antiguo apartamento ¿Por qué lo haría? ¿Para estar solo? Sabía que con Meredith no podía contar nunca me envió una carta, un correo electrónico, nada.

De mis antiguos amigos ninguno vivía en la ciudad, y mi familia, cada quien por su lado. No tenía a nadie que velara por mí en mi actual situación, ni siquiera sabía porque había regresado ahí, tal vez hubiera considerado ir a casa de mi padre.

Por eso me sorprendí al ver a mi hermano en la salida de pasajeros del aeropuerto, de su mano estaba la pequeña Blake, mi sobrina, era una muñequita tal como Zach me la había descrito.

Flanqueado por el teniente Chris Perry y Devon O’Neil, que empujaba mi silla, nos fuimos acercando hacia ellos, estaba nervioso y la verdad es que estaba sorprendido ya que la última persona que espere ver era Damon, cruce las manos sobre mi regazo para ocultar mi emoción y salude “Hola hermano, volví”

La expresión de Damon era la misma de Zach al darse cuenta en el hospital que tendría que valerme de una silla de ruedas de ahora en adelante.

Blake me miraba con curiosidad y se aferro mas a la mano de Damon, Me tenía miedo, claro, yo era un total desconocido para ella, no podía esperar otra reacción de su parte.

-Es bueno volver a verte Stefan – dijo Damon con dientes apretados ¿En serio estaba contento de verme?

-Estoy vivo – conteste encogiéndome de hombros, seguido a eso el teniente Perry dejo mi mochila en el suelo pero Damon se adelanto y extendió su brazo para cogerlo

-Yo llevo esto gracias - Perry asintió con la cabeza y luego le dirigió una mirada a O’Neil

-Nosotros nos retiramos, nuestra familia nos espera – dijo O’Neil

-Gracias por todo chicos – les dije agradecido – merecen una medalla por soportarme en el avión – dije tratando de sonreír

-No ha sido nada Salvatore, cuídate y seguimos en contacto

Damon les estrecho su mano al despedirse de ellos e igual que yo les agradeció por haberme acompañado.

-Blake vamos saluda a tu tío Stefan – le dijo Damon dándole un pequeño empujón para que se acercara a mí, la niña lo hizo y se paro en un extremo de mi silla.

-Hola tío Stefan - dijo por fin – quería conocerte

-Hola Blake ¿Cómo estás? – Dije tocando su pequeña barbilla, era indudablemente hija de Damon con solo ver el color de sus ojos y sentir su mirada en mi – estaba deseoso de verte pequeña.

-Ok, vamos a casa – dijo Damon mientras se colocaba la mochila en la espalda y se ponía detrás de mí para empujar de mi silla


Damon se había tomado el tiempo de acomodar una habitación para mí en su casa y fue sincero al decirme que solía guardar allí el licor que se traía del Dark Room.

-Siento que hayas tenido que sacar lo que tenias aquí – le dije algo apenado

-Me tomo media tarde nada mas – callo por unos segundos y luego encogió los hombros - a quien engaño – dijo – Tyler hizo todo el trabajo, arreglo las puertas del closet y saco las cajas de licor, Caroline, su novia odiosa escogió la ropa de cama y esas cosas, espero que te sientas cómodo y a gusto aquí.

-Gracias, yo no…

-¿No esperabas que te recibiera en mi casa? – Dijo frunciendo el ceño – vamos Stefan eres mi hermano – se sentó en la esquina de la cama – puedes quedarte el tiempo que quieras.

-Te vas a arrepentir de haber dicho eso – le advertí divertido

-Eso lo veremos – dijo poniéndose de pie al escuchar un grito de Blake llamándolo desde la sala.

Al final del día ya estaba instalado en mi nueva casa.

Me sentía extraño estar en casa de mi hermano, cuando éramos niños solíamos jugar por horas y nunca nos aburríamos, seguía a Damon hacia donde él fuera, si Damon subía a un árbol ahí iba yo, si salía en su bicicleta yo iba detrás de el, pero todo cambio cuando entro a la secundaria, los días de juego conmigo fueron cambiados por partidos de basquetbol con sus compañeros o salidas con alguna chica. Y ahí comenzó todo.


El lunes temprano por la mañana pasamos dejando a Blake por la guardería y luego llegamos a un complejo de clínicas al norte de la ciudad.

-¿Crees que realmente funcionara? – pregunte tratando de disimular mi amargura, no quería entrar a ese lugar ¿Por qué hacerlo? Para que me dijeran una vez más que sería un inútil toda mi vida? No gracias.

-El Dr. Cooper es muy bueno en su ramo, estoy seguro que te ayudara más de lo que crees, dale un chance Stefan – me dijo mientras me sacaba de la camioneta, me sentí un costal de papas sacado de un camión.

Avanzamos por el ala sur del complejo buscando la clínica del dichoso doctor, al fin la encontramos y nos acercamos a la secretaria, una linda joven de cabello rubio y largos rizos agarrados en una media cola, hablaba por teléfono en ese momento, desvió la mirada y se apresuro a colgar.

Sus ojos se volvieron hacia mi hermano, por Dios ¿Podrías cerrar la boca por favor?

-Buenos Días – dijo la joven acomodándose en su silla y haciendo gestos exagerados - ¿En qué puedo ayudarlos?

-Hice una cita para mi hermano con el Dr. James Cooper – contesto Damon seriamente, me gire disimuladamente y vi que el tono coqueto de la joven había pasado desapercibido en el.

-Me da el nombre del paciente por favor – dijo la joven desviando la mirada hacia la pantalla de su ordenador

-Stefan Salvatore - dije en tono seco obviamente por estar ahí en contra de mi voluntad.

La chica tecleo unas cuantas veces y luego saco una hoja y un lápiz y me la entrego.

-El doctor lo recibirá enseguida, pero primero llene esta hoja con sus datos

-Muchas gracias

El doctor Cooper me pareció a simple vista un tipo tranquilo, le calcule unos cuarenta años más o menos, los muchos diplomas colgados en la pared me daban un cierto grado de esperanza. Tal vez Damon tenía razón y debía darle una oportunidad.

-Doctor Cooper – saludo Damon estrechando su mano – Damon Salvatore y el es mi hermano Stefan

-Mucho gusto, Elijah me dijo que vendrían, pasen adelante – dijo cordialmente.

Primero conteste a todas sus preguntas y reviso los documentos médicos que me habían dado en el hospital de Londres respecto al estado en el que había llegado después del accidente y el resultado de los exámenes que me habían practicado antes de regresar, leyó por unos minutos, me desesperaba que leyera y murmurara “Ya veo” “Entiendo” “Muy bien”

-Vamos Stefan – dijo al fin - voy a revisarte

Damon me acerco a la camilla y me ayudo a sentarme

-Ponte esta bata – me dijo el doctor entregándome una bata blanca con puntos azules, lo que me faltaba, de por si me era molesto que me cargaran de un lado a otro ahora mi hermano tenía que ayudar a quitarme la ropa, si le veía el lado positivo, era peor a la hora de bañarme.

A Damon parecía no molestarle hacer eso tipo de cosas por mí o tal vez lo hacía porque no le quedaba de otra.

Damon se recostó a un lado de la pared y se cruzo de brazos esperando que el doctor comenzara la revisión.

Cooper llego con sus implementos y los dejo en una mesita a lado de la camilla.

Comenzó con un chequeo general tomando mi presión sanguínea, chequeando mi corazón etcétera, cosas de rutina. Luego paso a revisar mi columna, haciendo presión en aéreas especificas.

Le dio una mirada a las radiografías que venían junto a los demás documentos y luego me pidió que me sentara. Todo esto a la vista de Damon.

-¿Sientes esto? – me dijo rozando la planta de mi pie con sus dedos

-No – conteste – vi a Damon que torcía la boca en una mueca, el doctor Cooper nuevamente toco la planta de mi pie pero esta vez con más presión.

-¿Y qué tal esto? – Abrí los ojos más de la cuenta al tacto del doctor, miro mi reacción de inmediato - ¿Qué pasa? ¿Lo has sentido?

-Oh…si, leve pero lo sentí – conteste, vi hacia Damon y vi que nos miraba muy atento

-Vaya – dijo el doctor tocando ahora mi otro pie, tuvo el mismo efecto.

-¿Es bueno cierto? – pregunto Damon

-Claro que si, quiere decir que no perdió la movilidad del todo pero quiero hacer otras radiografías quizás me brinden más información

-Por supuesto – dijo Damon

-Por lo pronto quiero que vengas a la clínica y empieces con la fisioterapia eso te ayudara mucho, una sesión de dos horas todos los días será suficiente, puedes vestirte – me dijo yendo hacia su escritorio.

Me vestí con un poco de ayuda de Damon, para poner mis pantalones sobre todo, cuando estuve listo el doctor escribía una receta.

-Con esto que te indicare podrás dormir, no soy psiquiatra pero como has dicho que tienes problemas para dormir esto te ayudara, firmo y sello la receta, yo iba a tomarla pero Damon se adelanto – mañana a las nueve una de mis terapeutas te estará esperando para comenzar la terapia.

-Perfecto – dijo Damon sin darme tiempo de responder – aquí estará
El entusiasmo de mi hermano me hacía pensar que quería que caminara lo antes posible para deshacerse de mí.

-¿Realmente crees que algún día dejare esta silla? – pregunte con la vista hacia la autopista

-¿Acaso no estábamos en la misma habitación? Si mal no recuerdo dijiste haber sentido algo en el pie, eso es grande Stefan, no dudo que dentro de un tiempo ganes una maratón

-No te burles – dije frunciendo el ceño

-No lo hago, simplemente estoy optimista al respecto, deberías hacer lo mismo

-Lo intentare – dije en un suspiro – oye ¿Quién es Elena? Blake me ha estado hablando de ella desde que llegue – me miro de reojo con su ceja levantada, su típica mirada de “¿Y a ti que te importa?”

-Elena es su niñera, Blake le ha tomado mucho cariño y no hace más que hablar de ella

-Ya veo

Paso dejándome por la casa ya que tenía que ir a hacer unas diligencias y luego iría a recoger a Blake, me fui a mi habitación e intente pasarme a la cama para descansar un poco pero en mi intento la silla se movió y casi caigo al piso, se me había olvidado ponerle el seguro a las llantas, idiota Stefan.

Entonces me quede junto a la ventana y me recosté un poco en la silla apoyando mi cabeza en el borde del respaldar apenas había dormido las dos noches que había pasado ahí, la verdad es que desde que estaba en Londres no había podido dormir bien era pesadilla tras pesadilla, y eran tan reales que me despertaba sobresaltado y bañado en sudor, siempre era lo mismo, el convoy, la explosión y mis compañeros muertos en la arena ¿Cuándo acabaría eso? Me estaba volviendo loco.

Los ojos comenzaron a pesarme y sin darme cuenta me quede dormido, me desperté al escuchar el sonido de la puerta y del revoloteo de unas llaves, mire mi reloj y eran pasadas las doce del mediodía, había dormido una hora completa “Vaya” pensé. Salí de mi cuarto avanzando por el pasillo pensando encontrar a Damon pero lo que vi fue totalmente diferente.

La refrigeradora estaba abierta y quien quiera que fuera estaba inclinado buscando algo de modo que no podía verlo, entre más me acercaba pude ver por debajo unas zapatillas, era una mujer y la escuche murmurar cosas que no pude entender. La puerta del refrigerador se cerró y con ella un vaso de vidrio cayó al piso haciéndose pedacitos, la reacción de la joven fue de pánico.

-¡Dios mío! – dijo en voz alta mientras se sostenía del desayunador

-Lo siento mucho, en serio, discúlpame, no quise asustarte – le dije tratando de calmarla

-No…no sabía que había alguien más aquí – dijo aun nerviosa

-Tú debes ser Elena

-Sí, soy Elena Gilbert, y tus eres…

-Ahh lo siento, aparte de asustarte no me he presentado – dije apenado - soy Stefan Salvatore, hermano de Damon

-¡Oh! Mucho gusto Stefan, Damon no…

-No te hablo de mí ¿cierto? - me encogí de hombros y ella negó con la cabeza

– Hey – continúe – si quieres puedo ayudarte con eso – dije señalando el reguero en el piso.

-Oh, no te preocupes este desastre es mío y yo lo limpiare – dijo haciendo una mueca y luego me sonrió.

Era muy linda y jovial, sus ojos eran de un bonito color chocolate y su cabello caía hermoso sobre su espalda “vaya niñera” pensé.

Conversamos un rato en la sala conociéndonos un poco hasta que Damon llego con Blake, la niña se abrazo a las piernas de Elena y luego se acerco a mí dándome los dibujos que había hecho en la guardería, sonreí al ver que Blake me había dibujado de pie junto a ella.

La expresión de Damon al entrar fue extraña, incluso Elena actuaba extraño, se miraban como si se debían algo el uno al otro, al menos eso fue lo que percibí. Y no me equivoque.

Los días pasaban y mi estado era el mismo, si bien las pastillas que el doctor me había recetado para dormir me ayudaban un poco para mí no era suficiente, las pesadillas continuaban.

Una noche me desperté gritando y por poco me caigo de la cama, la puerta de mi cuarto se abrió y Elena entro nerviosa a ver qué era lo que pasaba.

-Stefan ¿Qué pasa? ¿Te sientes bien? – pregunto sentándose en el borde de la cama junto a mí.

-Yo… - mi respiración era agitada y el sudor corría por mi frente

-¿Otra pesadilla? – Me pregunto, asentí – todo está bien ahora Stefan

-¿Cuándo acabara esto?

- Lo que viviste en Irak fue muy fuerte y lamentablemente tiene este tipo de consecuencias – se acerco a mí y con su brazo atrajo mi cabeza hacia el hueco de su cuello – eres una persona muy fuerte Stefan, se que superaras esto – sentí el suave aroma de su perfume, mi respiración fue calmándose a medida que ella hablaba, un extraño escalofrió me recorrió el cuerpo, se sentía agradable y me sentí egoísta al querer tener cerca a esa mujer, todos los días me hacía sentir lo mismo, me atendía de una manera especial aun y cuando yo no era su obligación, se tomaba el tiempo para cuidarme y conversar horas conmigo, ella se preocupaba por mí.

-No sé si pueda – le dije, ella me aparto y me miro a los ojos

-Claro que puedes, tienes a Damon y me tienes a mi, estaremos aquí para ayudarte

Utilizó el término “estaremos” Damon y Elena en una misma palabra, no, las sospechas que quise estúpidamente ignorar fueron confirmadas esa noche, las miradas, los roces de manos y sus chistes privados eran el pan de cada día en casa.

Claro, como siempre lo mejor era para Damon, los juguetes, los viajes y las mujeres. ¡Maldita sea! ¿Por qué siempre era así? Todo giraba siempre a su alrededor, la atención del mundo era para él, y yo siempre viviendo bajo su sombra como el estúpido hermano de Damon Salvatore.

Esa fue la razón por la que me fui a Irak, para que por primera vez en la vida y por un tan solo momento los reflectores giraran hacia mí, quería sentirme importante y demostrar que no era solo el otro hermano Salvatore ¿Y que conseguí con ello? Nada, volví y todo lo que inspiraba ahora era lástima por estar postrado en esta ¡Puta silla de ruedas!

Viviendo de arrimado como un inservible mueble en casa de Damon y además deseaba a su mujer ¿Qué más jodido podría estar?

Los días en casa se hacían cada vez más insoportables, las pesadillas continuaban despertándome por las noches, y ver a Elena babear como adolescente por Damon me enfermaba, el deseo de vivir la vida de mi hermano me consumía de nuevo.

Cada oportunidad que tenía con Elena la aprovechaba para magnificar los defectos y deslices de mi querido y perfecto hermano, su reacción me decía que mis palabras habían surtido el efecto esperado y la aparición de una vieja conocida de Damon ayudo mucho a mis propósitos; Elena rabiaba en su habitación después de escuchar hablar de Rose, solo la mención de su nombre era motivo de discusión, y me valí de eso la noche del cumpleaños de Elena. La quería lejos de él.


Me había estado guardando algo a lo largo de los días, y era que la terapia estaba funcionando y cada día que pasaba la posibilidad de volver a caminar era latente, estaba recuperando la movilidad en mis piernas, el doctor Cooper tenía razón y eso me motivaba más en mi objetivo. Pero no era el momento de que todos supieran mi mejoría.

Damon no tenía ni idea ya que para aliviar su carga le sugerí que contratar un taxi que me llevara y trajera de vuelta era suficiente y que perdiera cuidado que yo podía manejar la situación “como quieras hermano” fueron sus palabras.

En cuanto a las pesadillas y la ansiedad, continuaban, pero me las había arreglado para conseguir frascos de calmantes con un chico con serios problemas depresivos que acudía al complejo de clínicas con el que conversaba mientras el taxi iba a recogerme. Dos veces por semana lo encontraba y hacíamos negocios.

Uno de esos interminables días mientras estaba en la sala de la casa viendo la televisión y sintiendo lastima por mi mismo escuche el molesto sonido del timbre, lo tocaban incesantemente “extraño” pensé, estaba solo y Elena no tenia porque tocar, ella tenía su propia llave pero tampoco tocaría de esa manera. Mire por la ventana y vi a Rose apoyada en un brazo a lado de la puerta y con la otra tocando una y otra vez.

Abrí y Rose entro empujando la puerta y tirándola a sus espaldas.

-¿Dónde está Damon?

-Hola Rose ¿Cómo estás? – Dije con ironía – ¿Acaso viste su camioneta afuera? No está.

-Es un imbécil – dijo tirando su fino bolso en el sofá, la rabia le salía por los poros, y Damon había tenido mucho que ver ahí.

-¿Ah sí? ¿Qué fue lo que paso? – estaba intrigado

Rose caminaba dando vueltas por la sala como perro antes de echarse a dormir, no había comparación que se acercara mas.

-¡Me rechazo! – Grito – ¡el muy imbécil se atrevió a rechazarme a mí!

“Vaya” “¿No lo puedes creer? Bueno ponte en la fila” pensé y disimule una sonrisa al escucharla y ver lo dolida que estaba, Damon tenía que estar muy perdido por Elena para rechazar a una mujer de la talla de Rose, tenía un cuerpo exquisito que cualquier hombre moriría por tener. Incluyendo a mí.

Rose seguía escupiendo veneno hacia mi hermano mientras yo me perdía en sus largas piernas e imaginando lo que había debajo de su vestido.

-¿Qué le ha dado esa mujer? – sus palabras llamaron mi atención

-¿Qué?

-¿Qué tiene esa maldita mujer que no tenga yo?

-¡Cuidado con lo que dices de Elena? – le dije un tanto amenazante, Rose se me quedo viendo con una ceja levantada

-No puede ser – dijo en una mueca de desaprobación y burla - ¿Tu también? Wow ¿Qué tiene esa chica? ¿Una vagina de chocolate?

-¡Cállate! – Grite – no hables así de Elena – dije molesto

-¿Qué me vas a hacer? ¿Vas a pegarme por insultar a Elenita? – Continuaba burlándose – No puedes hacer nada en esa silla

Apreté la mandíbula por la ira, me incline hacia abajo haciendo a un lado los soportes de la silla donde estaban mis pies, sin quitar la mirada de Rose poco a poco fui apoyándome en mis brazos elevando mi cuerpo de la silla, ya lo había hecho antes a puertas cerradas en mi habitación.

Fácilmente pude ponerme de pie ante la vista incrédula de Rose, su risa burlona desapareció.

-¿Decías? – dije después de unos segundos de silencio, quise darle un chance para que recupera el aliento.

-No se supone que estas…no entiendo – estaba contrariada, se le notaba.

-“Se supone” tu lo has dicho, pero cambiemos de tema – di dos pasos hacia ella - ¿A que precisamente has venido? Además de insultar a mí hermano obviamente...oh yo se la respuesta – di un paso más hacia ella – viniste a terminar lo que empezaste con Damon, tu lo deseabas y el no, es una lástima ¿sabes? con ese cuerpo tan bonito que tienes – di el último paso que faltaba para llegar a ella y de un tirón la atraje hacia mi cuerpo.

-¿Es esto lo que buscabas? – pregunte pasando mi mano por su trasero, ella se estremeció en mis brazos y se relajó, una picara y seductora sonrisa apareció en su rostro

-Vaya, el menor de los Salvatore ha sacado las uñas, eres un chico muy malo, pero ¿realmente eres capaz de darme lo que vine a buscar?

Meses y meses en Irak, luego el hospital y después la silla ¿Cómo crees que estoy? Dije para mí mismo, roce mi nariz en su escote hasta llegar a su mandíbula, me detuve en su boca.

-Ten por seguro que si – conteste empujándola contra la pared.

Sí, me acosté con Rose.




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